De la orilla a mi bolsillo, del bolsillo a la boca (como hubiera hecho Molloy), y de la boca hacia tierra adentro en un sobre aculchado que además contenía cacahuetes con sésamo, creo recordar.
El poeta Blanco me trajo tres chapas de Dublín. El poeta Casado me puso en la mano tres piedras de la tumba de Beckett. Una está guardada, con otra me hice un colgante, la tercera viajó al norte custodiada por Joyce.
"Y quedarse en silencio, como queriendo retroceder", dice Chivite. No son las piedras ni los días. Es la velocidad lo que nos hiere. Por eso es mejor quedarse muy quieto, para que nadie resulte herido.